17/02/2026
El hombre propone y Dios dispone. De modo similar a 2014, devanaba yo mi vida y me cortan la trama. O sea, que de la nada, o de los pozos siniestros de la evolución bioquímica, donde había un linfoma curado, en las últimas semanas ha aparecido una nueva “pachuchez”, una leucemia propia de niños, con algunos toques mieloides, más propios de pacientes veteranos, en los que, curiosamente, se apoyan los tratamientos más esperanzadores para los mayores.
Mañana es Miércoles de Ceniza y eso significa dos cosas. Una, que debemos saber que somos polvo y en polvo nos convertiremos; y dos, que Jesús nos invita a la conversión y a creer de verdad en las buenas noticias, en el Evangelio. Una y dos no son opuestos, porque uno se refiere a nuestra fragilidad que Dios ha querido compartir con nosotros. La fragilidad humana compartida con Dios se nos muestra de muchas maneras: injusticia, hambre, guerras o una nueva enfermedad.
Ser frágil es humanamente positivo, porque enseguida nos damos cuenta de que si Jesús fue frágil, y por la radical fragilidad de la muerte injusta en la cruz nos salvó, nos certifica por la fe, que la gracia de Jesús está con nosotros y nos acompaña siempre, y de manera especial, cuando estamos enfermos.
Ser enfermo es una condición humana muy trabajosa, es un trabajo arduo enterarte de las peculiaridades de la enfermedad para poder ayudar a los médicos a curarnos, a aprender muchos protocolos, cambiar rutinas y no dejarte achantar por la desilusión o el dolor, o la aparente falta de perspectivas. Es reciclar todas las capacidades para que Dios ponga, en lo suyo, su voluntad. Los médicos lo suyo y el paciente, lo propio. Trabajo en equipo bien engrasado.
La Medicina actual no se comprende sin saber algo de los enormes avances experimentados. En nuestro hospital, a pesar de los problemas políticos, creo que no han conseguido del todo deshumanizar la Medicina, sino todo lo contrario. Por otra parte, se intenta hacer Medicina integral, científica, humanista y espiritual, con el magnífico servicio de Capellanía.
La fragilidad humana, como la de Jesús, tiene una puerta, un umbral de destino. Quiero decir, todos tenemos que morir, yo también. ¿Problema? No sé cuándo. El tiempo de Cuaresma es importante porque nos sitúa a la vez, ante la fragilidad del mismo Jesús, que es garantía de nuestra SALUD, y muy bien podría ser que, como en la mecánica cuántica, el enfermo está a la vez, en la fragilidad y en la plenitud de la salvación.
O que los protocolos que los enfermos tenemos que emplear para intentar curarnos ya pueden estar en la esfera de Dios. ¿No estaba Dios entre los pucheros? ¿Pues por qué no iba a estarlo en el PET-TAC? o en el anticuerpo monoclonal que inhibe una de las muchas tirosinas quinasas que amenazan nuestra salud.
Doy gracias a Dios por este Miércoles de Ceniza virtual que me ha regalado este año. “Convirtámonos, y creamos en el Evangelio”.
Antonio Matilla, paciente de leucemia ingresado en nuestro hospital