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01/04/2026

Mons. José Luis Retana al clero: “Renovar es volver a pronunciar nuestro ‘sí’ a la llamada que se nos hace cada día”

El obispo de Salamanca presidió este Miércoles Santo, en la Catedral Vieja, la Misa Crismal, en la que el presbiterio diocesano renovó sus promesas sacerdotales, como expresión de fidelidad a la llamada del Señor y al servicio del Pueblo de Dios

 

SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN

La invitación a “volver a nacer” en la vocación sacerdotal marcó la Misa Crismal celebrada este Miércoles Santo, 1 de abril, en la Catedral Vieja. Así lo expresó el obispo de Salamanca, Mons. José Luis Retana, durante su homilía, en la que animó al presbiterio diocesano a renovar su entrega: “Renovar es volver a pronunciar nuestro ‘sí’ a la incesante llamada que nos hace cada día”.

La celebración reunió a sacerdotes, diáconos, personas consagradas y fieles laicos en torno al obispo, en un gesto que, como él mismo subrayó, permite contemplar “a todo el Pueblo Santo de Dios reunido en la Iglesia madre de la Diócesis”, haciendo visible la comunión eclesial.

En este contexto, los presbíteros renovaron sus promesas sacerdotales, volviendo la mirada al día de su ordenación. El obispo les invitó a hacerlo desde la verdad y la humildad: “Con la conciencia desnuda de apariencias, damos gracias por este regalo y pedimos perdón por nuestra mediocridad acomodada”.

Una historia vivida ante Dios

A lo largo de su homilía, el obispo de Salamanca propuso releer la propia vida sacerdotal a la luz de la llamada recibida, reconociendo en ella tanto la gracia como la fragilidad: “Pasa ante nosotros toda nuestra historia humana y sacerdotal… donde se ha dado lo más hermoso, y donde no habrán faltado momentos difíciles”, reconoció.

Desde esta mirada creyente, animó a presentar al Señor tanto los errores como el bien realizado, “para pedir perdón esta mañana y damos gracias por las cosas grandes que el Señor ha hecho a través de nuestras pobres manos”.

Una fraternidad que sostiene

Mons. Retana puso un acento especial en la fraternidad sacerdotal, llamada a ser vivida como una verdadera familia. En este sentido, pidió al Espíritu Santo que “sane las heridas de nuestra fraternidad y nos conceda entrañas de misericordia”, al tiempo que recordó que “nadie debería sentirse expuesto o solo en el ejercicio del ministerio”.

Frente al riesgo del individualismo, exhortó a los sacerdotes a sostenerse mutuamente y a cuidar la vida del hermano: una fraternidad concreta, vivida en lo cotidiano, que fortalece la misión y testimonia el amor de Cristo.

Ungidos para anunciar la Buena Noticia

El gesto de la bendición de los óleos de los enfermos y catecúmenos y la consagración del crisma que se realizarían después fue presentado por el obispo como un signo de la cercanía pastoral, especialmente con quienes más sufren. “Las heridas de nuestros hermanos… nos reclaman con audacia que seamos un anuncio de Buena Noticia que distribuye el bálsamo y el consuelo del Señor a quienes lo necesitan”, afirmó.

En esta línea, el prelado invitó a contemplar el propio ministerio desde la imagen del Buen Pastor, capaz de salir al encuentro de los pobres, los heridos y los que buscan sentido, en un tiempo en el que —como señaló— muchas personas “comienzan a abrirse a una búsqueda más honesta y auténtica”.

Profundizar en la identidad sacerdotal

Mons. José Luis Retana destacó también que el momento actual no pide multiplicar tareas, sino profundizar en la identidad sacerdotal: hombres “configurados con Cristo”, sostenidos por una relación viva con Él y por una “caridad pastoral” que se concreta “en el don sincero de sí”.

De este modo, recordó que el centro del ministerio no está en la actividad, sino en la unión con el Señor, que da forma y unidad a toda la vida del sacerdote.

Gratitud y confianza

En la parte final de su homilía, el obispo expresó su cercanía y agradecimiento a los sacerdotes “por vuestra ejemplar, fiel y generosa entrega… sé que muchas veces este ministerio se desarrolla en medio del cansancio y de una entrega silenciosa de la que sólo Dios es testigo”.

Asimismo, recordó que el Señor “quiere verter su óleo sobre nuestras heridas abiertas”, en una invitación a dejarse sanar y fortalecer por su gracia.

En sus palabras tuvo también un recuerdo especial para los sacerdotes enfermos y para aquellos que han fallecido desde la última Misa Crismal, cuya ausencia se hace presente en la vida de la diócesis.

Antes de concluir, Mons. Retana pidió a los presbíteros que recen por él “para que pueda estar cerca de vosotros” y ayude a “crecer y a desarrollar los carismas que el Espíritu ha querido derramar en cada uno de vosotros”.  Y encomendó a la Virgen María, Madre de los Apóstoles, que sostenga la fidelidad y la entrega de quienes han sido llamados al ministerio sacerdotal.

 

 

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