12/05/2026
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
La fiesta de San Juan de Ávila volvió a reunir el pasado sábado, 9 de mayo, al presbiterio diocesano de Salamanca en una jornada de oración, fraternidad y acción de gracias por la vida sacerdotal. Durante la celebración se homenajeó a Carlos José Martín y Ramón Fresneda, sj, por sus bodas de oro sacerdotales, y a Andrés Pinto y Francisco Fraile, que cumplen 25 años de ministerio presbiteral.

La celebración tuvo lugar en la capilla mayor de la Casa de la Iglesia y fue presidida por el obispo de Salamanca, Mons. José Luis Retana, a la que asistieron sacerdotes procedentes de distintos puntos de la diócesis. La fiesta se adelantó este año un día al coincidir la memoria litúrgica de San Juan de Ávila con el IV Domingo de Pascua, Domingo del Buen Pastor.
Francisco Fraile fue el encargado de leer la monición de entrada, en la que dio gracias a Dios por haber puesto sus vidas “al servicio de los demás” y recordó a los obispos Mons. Mauro Rubio y Mons. Braulio Rodríguez, por creer en ellos para desempeñar el ministerio sacerdotal. “No somos los mejores, sino los elegidos”, afirmó evocando la figura del rey David, y concluyó sus palabras recordando a tantos sacerdotes “que nos han precedido y ya gozan del Reino de los cielos”.
En su homilía, Mons. José Luis Retana recordó que la fiesta de San Juan de Ávila constituye una fecha “particularmente querida” para los sacerdotes. porque permite al presbiterio reunirse “con aires de fiesta para dar gracias y para pedirlas a Dios”, acompañado por el ejemplo de santidad y sabiduría del Maestro Ávila.
El obispo dio gracias a Dios por cada uno de los presbíteros de la diócesis, por “vuestras personas, el don de vuestra vocación y ministerio sacerdotal” y por vuestra entrega fiel “a Jesucristo, el Buen Pastor, y a las ovejas de su rebaño”.
En varios momentos de la homilía resonó su gratitud y reconocimiento hacia la vida entregada silenciosamente por tantos presbíteros. “Aquí están hoy nuestras manos que han bendecido y sostenido a tantos hermanos”, expresó, invitándoles a renovar la consagración sacerdotal y a pedir “la gracia de ser de veras imagen viva del Buen Pastor”.
Mons. Retana agradeció “la impagable labor de nuestros curas” y recordó algunas palabras recientes del papa León XIV sobre la importancia del cuidado interior y la fraternidad sacerdotal. “El contrario del cuidado es la desidia”, señaló el prelado al tiempo que animó a los presbíteros a cuidar la vida espiritual y a no convertir el ministerio “en una función que cumplir”.
Mons. Retana defendió la necesidad de vivir el ministerio “como una vocación de entrega absoluta y a tiempo pleno” en un contexto cultural marcado por la fragmentación y el miedo a los compromisos definitivos. “Hoy más que nunca necesitamos seguir a Cristo”, afirmó el obispo, antes de recordar la paradoja evangélica: “El que se reserva su vida la pierde; sólo la gana el que la entrega por Cristo y por el Evangelio”.
Y pidió además nuevas vocaciones sacerdotales, “obreros que amen de todo corazón, que conozcan el amor de Dios, que estén llenos de alegría y quieran servir de verdad a su rebaño”. También invitó al presbiterio a sostenerse mutuamente “como hermanos”.
Antes de concluir sus palabras tuvo un recuerdo especial para los sacerdotes enfermos, para quienes atraviesan dificultades y para aquellos que han fallecido desde la pasada fiesta de San Juan de Ávila.


Al final de la homilía, el obispo felicitó de forma especial a los sacerdotes homenajeados este año: Carlos Martín y Ramón Fresneda, Andrés Pinto y Francisco Fraile, y pidió a Dios “que lleve a su más feliz término lo que tuvo comienzo el día de vuestra ordenación sacerdotal” y agradeció su fidelidad y entrega al servicio al Evangelio.
Tras la homilía, el jesuita Ramón Fresneda, puso voz a las súplicas de toda la Iglesia, y pidió especialmente por los formadores y seminaristas; por las familias y las comunidades parroquiales, “para que sean hogar y taller”; por las vocaciones religiosas; y, por los sacerdotes para que el Señor les ayude” a mantenernos fieles en sus servicio”.
Antes de concluir la celebración, Carlos Martín tomó la palabra, también en nombre del resto de homenajeados, para dar gracias por el camino recorrido en el ministerio. “Ser sacerdote es una gracia dada gratuitamente para el servicio de la comunidad… un don inmerecido” afirmó. Y recordó con gratitud a las familias, formadores, sacerdotes y comunidades que han acompañado su vocación a lo largo de los años, así como “a tantas vidas sencillas que, desde el silencio, su entrega y generosidad nos han empujado a vivir el ministerio sacerdotal con el testimonio de sus vidas”, explicó.
La celebración concluyó con la bendición y el canto del Regina Coeli ante la Inmaculada Concepción que alberga la capilla de la Casa de la Iglesia, réplica del boceto pintado por Francisco de Goya para esta iglesia. Con su mirada fija en María, los sacerdotes volvieron a poner en sus manos, y en las del Señor, su vida y su ministerio, agradecidos por el camino recorrido.