27/05/2026
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
La parroquia de San Juan de Mata se prepara para vivir este domingo, 31 de mayo, a las 20:00 horas. una celebración especial. Juan Ignacio Fuentes, Nacho, recibirá la ordenación como diácono permanente de manos del obispo de Salamanca, Mons. José Luis Retana, en el mismo lugar donde durante años ha ido creciendo una vocación que nació mucho antes de ponerle nombre.
A pocos días de este paso, reconoce vivirlo con una mezcla de serenidad y gratitud. “Con mucha tranquilidad, con una paz inmensa, con una paz que a lo largo de mi vida he experimentado en alguna ocasión, pero se escapaba. Y parece que esta vez quiere quedarse conmigo“.
Su historia no responde al esquema de una llamada repentina ni a un momento concreto. Cuando mira atrás, Nacho reconoce que el origen de este camino estaba ya sembrado mucho antes, en experiencias sencillas que marcaron su forma de mirar la vida.
“Cuando miro por el retrovisor de mi historia, de mi biografía, lo reconozco cuando me escapaba de niño al campo”, recuerda. Aquellos paseos en soledad, el contacto con la naturaleza y el tiempo vivido al aire libre fueron dejando una huella interior que entonces no sabía interpretar, pero que hoy reconoce como parte de ese aprendizaje de escucha y contemplación.
Después llegaron las personas, los encuentros y también la familia. Casado con Mari Carmen y padre de Raúl e Iván, habla de su vida familiar como uno de los lugares donde más claramente ha descubierto la presencia de Dios. Recuerda especialmente el nacimiento de sus hijos como una experiencia profundamente transformadora. “Cuando tuvimos al primero lloré como una Magdalena ante ese milagro de la vida que el Señor nos ponía en nuestras manos, y cuando vino el segundo volví a llorar”.
Con el tiempo, la familia llegó también a San Juan de Mata. Primero a través de la catequesis y después mediante distintas tareas pastorales que fueron configurando poco a poco un estilo de vida marcado por el servicio.
Desde hace años, Juan Ignacio colabora en la Pastoral de la Salud, acompaña celebraciones de la Palabra en distintos pueblos de las Sierras de Béjar y de Francia y participa también en la Pastoral del Tanatorio. Tres ámbitos diferentes que, para él, comparten una misma experiencia: salir al encuentro de las personas.
La Pastoral de la Salud fue uno de sus primeros servicios dentro de la parroquia. Una experiencia que le puso frente a realidades de dolor, soledad y fragilidad, pero también de enorme confianza.
“Acabas convirtiéndote en alguien de su familia, a base de ir a las casas, de ver las fotos familiares, de las conversaciones, de las oraciones por los hijos y por los nietos… todo eso acaba formando parte de uno”. Esa misma actitud la vive cuando cada semana sale hacia pequeños pueblos para celebrar la Palabra.
“Lo vivo como misión”, explica. Para él, recorrer kilómetros para llegar a comunidades pequeñas es mucho más que una tarea pastoral, es una manera concreta de sostener la vida de la Iglesia allí donde las distancias y la falta de sacerdotes hacen más difícil mantener la celebración comunitaria de la fe.
Especial significado tiene también su experiencia en el Tanatorio, un lugar donde asegura haber descubierto una forma nueva de hablar de esperanza. “Yo siempre digo que tendríamos que cambiar el letrero de tanatorio, aquí estamos en la casa de la vida, y venimos a honrar y a celebrar la vida“.
Aunque llevaba tiempo comprometido en distintas responsabilidades eclesiales, reconoce que durante mucho tiempo no entendió lo que estaba ocurriendo. Cuando finalmente fue consciente de que la llamada al diaconado estaba presente en su vida, su primera reacción no fue aceptar.

“Cuando recibo la llamada, al principio no la entiendo, y cuando la entiendo, le digo que no porque digo: los tienes más listos, más inteligentes, más jóvenes…”. Sin embargo, con el paso del tiempo fue descubriendo que no se trataba de una meta personal ni de un reconocimiento, sino de una respuesta.

“Es un regalo, es un don y no se puede rechazar”. Ese proceso no lo ha recorrido solo. Habla con emoción de cómo compartió esta llamada con su mujer y de cómo la familia ha ido acogiendo este camino como una vocación que también transforma la vida de quienes acompañan.
Hoy, cuando se acerca el momento de la ordenación, sigue mirando este paso con sorpresa. “No concibo un regalo más grande que esta vocación y esta llamada”. Este domingo, en la parroquia de San Juan de Mata, culminará una etapa de discernimiento y formación. Pero para Nacho el horizonte no está en llegar, sino en seguir dejándose llevar. “Quién me iba a decir que al declinar de mi vida me iban a hacer este regalo“.
