05/03/2026
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
“200 años caminando con nosotros” es el lema con el que las Carmelitas de la Caridad, conocidas como “Vedrunas”, celebran el bicentenario de su fundación, iniciada en 1826 por Santa Joaquina de Vedruna. Con motivo de esta efeméride, conversamos con una de las hermanas, Lola Arrieta, experta en acompañamiento espiritual y miembro del equipo Ruaj, para acercarnos a la presencia y misión que la congregación mantiene en Salamanca, donde cuentan con tres comunidades: dos en la ciudad y otra en el ámbito rural, en pueblos cercanos a Ciudad Rodrigo.
Celebráis 200 años desde que Santa Joaquina puso en marcha vuestra congregación. ¿Qué rasgos del carisma que ella quiso sembrar siguen vivos hoy?

Es un carisma que sigue vivo. Joaquina fue una mujer muy de su tiempo. En 1826, después de una profunda experiencia interior —porque primero deseó ser religiosa, siendo muy jovencilla, con 12 años y con mucho criterio—, le dijeron: “Anda, vive. Vive y ya veremos después”.
Se casó, tuvo nueve hijos, quedó viuda y, con esa actitud de dar lo mejor de sí y vivir con profundo sentido de discernimiento, empezó a ver cuáles eran las necesidades del momento. Se centró mucho en la promoción de la mujer, en que todas las personas pudieran tener una vida digna y con sentido. Y, desde ahí, fue cuando se decidió a fundar la institución que hoy entendemos como Familia Vedruna.
¿Cómo estáis viviendo este bicentenario y qué iniciativas tenéis previstas en Salamanca para celebrarlo?
Lo estamos viviendo con mucho sentido de agradecimiento y de misión, y con el deseo de hacer partícipes a todos aquellos que quieran vivir la vida con sentido, también a la luz de nuestra fe cristiana.
En Salamanca estamos preparando en torno a la fiesta de Joaquina de Vedruna, cuya celebración litúrgica es el 22 de mayo, un encuentro del que todavía no hay detalles. En él, nos reuniremos las tres comunidades y abriremos los brazos, como quería también Joaquina, para entrañarnos con mujeres y varones de diversas vocaciones que vivimos con este deseo de aportar para que todos tengan vida y vida en abundancia, que era el deseo de Jesús.
La congregación está presente en Salamanca desde hace décadas. ¿Cómo ha sido esta presencia y cuál es hoy vuestra misión en la diócesis?
En Salamanca estamos presentes desde los años 60 del siglo pasado. Primero con una residencia universitaria, donde vivimos los tiempos profundos del Posconcilio y de la Transición española. Posteriormente, y como llamada del Concilio, se crearon comunidades en zonas sencillas, insertas en medio de la gente y viviendo el carisma de maneras diferentes.

Precisamente el 26 de febrero, en la parroquia de Jesús Obrero de Pizarrales, celebrábamos con la comunidad, que lleva allí 52 años, esa presencia única, sencilla, entre la gente, siguiendo los caminos de Jesús de Nazaret. Posteriormente se organizó esta otra comunidad en el medio rural, en la Diócesis de Ciudad Rodrigo, donde ha habido una presencia muy vedruna. Las compañeras y hermanas allí trabajaban precisamente en el ámbito de la salud, la educación y la liberación, entregadas fuertemente como comunidad en la diócesis y colaborando en todo el camino de anuncio de Jesús y en abrir caminos de esperanza con la comunidad diocesana.
Otra comunidad, muy sencilla, está en una zona popular de aquí, cerca de Garrido, Alfonso VI con las Salesas. Desde allí apoyamos el trabajo de Cáritas, acompañamos a jóvenes en situación de dificultad y de marginación, a migrantes…. Y también desarrollamos un proyecto importante de acompañamiento espiritual en la vida diaria que llamamos RUAJ.
¿Qué ofrecéis a través de Ruaj. ¿En qué consiste esta propuesta?
Este proyecto surge hace ya más de treinta años, precisamente en 2022 celebramos la firma oficial del mismo. Desde esta inspiración del carisma vedruna, de aunar de una manera integral educación, salud y marginación, ofrece acompañamiento espiritual en la vida diaria a personas y grupos, así como formación en acompañamiento espiritual, no sólo en Salamanca, sino desde Salamanca en otras ciudades como Madrid, Málaga, Sevilla, Pamplona o Valladolid.

Aquí mismo, en Salamanca, es un proyecto muy específico que apreciamos muchísimo. Comprobamos cómo ayuda a muchas personas en el crecimiento en salud, en dignidad y en fe. Y la verdad es que es muchísima gente la que nos regala su presencia y su confianza, y esto también nos alienta a nosotras.
Además, es muy propio del espíritu vedruna esta actitud de puertas abiertas, dándonos la mano con otras mujeres y con otros varones de diversas vocaciones en la Iglesia: casados, religiosos y religiosas, personas solteras, sacerdotes,… Entendemos que todos nuestros carismas son dones para la Iglesia, pero realmente la aportación fundamental se hace cuando nos entrañamos unos con otros y hacemos el camino juntos, cada uno por sí solo llega poco lejos. Y, en este sentido, la idea de sinodalidad, de encuentro intergeneracional e intercultural, está muy vivo entre nosotros.
Para terminar, una pregunta más personal: ¿qué es lo que hoy te da fuerza y alegría en tu vocación como vedruna?
Realmente, lo que me da alegría es ver que ese deseo de ofrecer lo mejor a disposición de otros revierte en que me llega muchísimo el testimonio y el aliento de cada persona y de cada grupo que busca, que confía y que nos ofrece su propio testimonio. Y entonces es como aquello que nos apasiona mucho del Evangelio de Juan, cuando dice esa actitud de permanecer, no como algo estático, sino como esa actitud continua de estar pendiente de las necesidades de este momento, de dónde ofrecer lo mejor y de saber que esto se hace posible cuando confiamos en que la presencia de nuestro Dios nos acompaña. Y el Espíritu es el que está ahí haciéndolo; por eso, hablamos tanto de Ruaj. El testimonio de los otros lo que me alienta y nos alienta.
Quien quiera puede ver nuestra página web Ruaj (ruaj.es) lo que aportamos; también en nuestra página de Carmelitas de la Caridad Vedruna (https://vedruna.org/) y en la de Ain Karem (https://ainkarem.es) ese grupo de música que tanto aporta a la Iglesia y que es muy cercano, es de la familia.
