16/01/2026
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
Cada año, del 18 al 25 de enero, la Iglesia celebra la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, un tiempo privilegiado para escuchar de nuevo la oración de Jesús en la Última Cena -“que todos sean uno”- y renovar el compromiso con la unidad visible entre quienes se reconocen discípulos de Cristo.
En la Diócesis de Salamanca, este camino ecuménico se vive de forma concreta a lo largo de todo el año, a través del trabajo del Servicio diocesano de Ecumenismo y Relaciones Interconfesionales y del diálogo con las distintas confesiones cristianas presentes en la ciudad. Un esfuerzo que se hace especialmente visible durante esta semana, en las celebraciones, los encuentros de oración y los gestos de fraternidad que reúnen a católicos, anglicanos y ortodoxos en diferentes templos de la ciudad.


Para la comunidad anglicana de Salamanca, vivir esta semana de oración juntos es una oportunidad para recordar que la unidad es un don que hay que cuidar y construir. Así lo explica Rubén Legidos Baidez, pastor de la Iglesia Española Reformada Episcopal (IERE), una Iglesia que desde su génesis “ha sido abierta al diálogo, ecuménica y tolerante con otras confesiones, con otras ideas de fe y otras creencias”. Porque, añade, “entendemos que el llamado de Jesucristo es que seamos uno en esa diversidad que a veces nos caracteriza y, por eso, es una cosa natural y esencial para nosotros”.
El testimonio que ofrecen las distintas confesiones cristianas durante estos ocho días constituye, para Rubén Legidos, un auténtico “acto profético”, tanto para la propia Iglesia como para la sociedad, en la medida en que pone de manifiesto que, más allá de las diferencias, son muchas más las cosas que nos unen.
Desde esa perspectiva, el ecumenismo se vive como un camino de sanación de una herida histórica: “nos ayuda a ser médicos que trabajamos en sanar la herida de la división“. Un “lastre histórico que ha estado a lo largo de todo el cristianismo”.
Legidos reconoce que “todavía no estamos de acuerdo en muchas cosas”, pero subraya que este camino permite encarnar “los valores del Evangelio y ser testimonio para nuestras propias comunidades”. En este sentido, advierte que “todavía hay personas que no han entendido que el ecumenismo no es un fusión única de iglesias; es mucho más, es un acto puro de amor“.
Este pastor anglicano considera que el camino emprendido en Salamanca “está siendo un ejemplo y pionera a nivel social en España”, y anima perseverar en esta línea: “Hay que seguir en esta tónica, comunicándonos, hablando, luchando por la unidad, y sobre todo, dejar que el Espíritu Santo sea quien nos impulse“. Para Rubén Legidos, “es Él el está detrás de todo lo que estamos haciendo”, y se muestra confiado ante el futuro: “Llegará un momento en el que nos daremos cuenta de que somos hermanos y nos queremos, y que es una tontería seguir discutiendo por cosas que a veces no entendemos, porque el misterio de Dios nos supera”.

El camino ecuménico se sostiene en relaciones personales, el diálogo, la confianza y el reconocimiento sincero del otro como hermano en la fe. En este contexto, Rubén Legidos valora de manera muy positiva el “trabajo encomiable” que realizan Julia Blázquez y Fernando Rodríguez Garrapucho, desde el Servicio diocesano de Ecumenismo y Relaciones Interconfesionales y el Centro de Estudios Orientales y Ecuménicos Juan XXIII (UPSA). Destaca su cercanía y la constancia en el trato personal: “siempre nos llaman y participamos de todo: reuniones, celebraciones,….”, y resalta que la manifestación pública de la unidad debe apoyarse, ante todo, en relaciones personales sinceras.
Como signo visible de este clima de respeto y fraternidad, este pastor recuerda un gesto que vivió durante una oración por la paz. Invitado a participar por un laico, se sentó entre la asamblea. “Don José Luis estaba en el altar y, al verme, bajó, me abrazó y me invitó a subir su lado. Un gesto bello, un signo y un símbolo que demuestra realmente a Dios”, afirma.

La Iglesia Española Reformada Episcopal Anglicana (IERE) de Salamanca fue fundada en 1869. “Nos encontramos aquí desde que el duque de Wellington vino a la batalla de Arapiles y un pequeño grupo de protestantes ingleses se quedaron aquí”, recuerda su pastor.

La historia de esta comunidad cristiana está marcada por el dolor. Durante el franquismo, vivió una etapa de persecución y marginación que debilitó su vida comunitaria. Un hecho especialmente doloroso fue el asesinato en diciembre de 1936 del pastor y maestro anglicano, Atilano Coco, cuya labor educativa y social dejó una profunda huella en Salamanca. Aquel episodio supuso la pérdida de presencia pública, influencia social y buena parte de los miembros de esta comunidad cristiana, que se vieron obligada a vivir su fe con discreción.
Atilano Coco, amigo de Miguel de Unamuno y maestro vinculado a la Institución Libre de Enseñanza, “enseñaba a más de un centenar de niños, hijos de obreros, gente que no sabía leer ni escribir”. Rubén Legido recuerda que por entonces “teníamos una feligresía de unos 300 miembros y todo eso se ve truncado por la guerra y por el asesinato de un hombre que, por su fe protestante muere dejando a dos niños huérfanos”. “Una catástrofe” para la comunidad anglicana de Salamanca, que perdió presencia pública, influencia social y buena parte de sus fieles,.
Tras la muerte de Atilano Coco, el pastor Luis Navarro intentó reconstruir la parroquia de Salamanca, encontrándose con una comunidad envejecida, en la que muchos de sus miembros “se habían exiliado y otros estaban aterrados. Habíamos perdido nuestra influencia y presencia social”.

En 2023, la parroquia anglicana “El Redentor” se trasladó desde la Residencia Atilano Coco hasta la iglesia de Santo Tomás Cantuariense, gracias a la cesión de la Diócesis de Salamanca. Para Rubén Legidos, este gesto de la Iglesia diocesana y de su obispo, Mons. José Luis Retana, “ha sido muy generosa”, lo que considera “un acto puro de amor y de justicia poética, en el sentido de que retomamos la presencia social que teníamos en Salamanca y la labor educativa que desarrolló Atilano Coco”.
A lo largo de su historia, la comunidad anglicana ha celebrado sus cultos en distintos espacios de la ciudad. “Nuestro templo estuvo mucho tiempo ubicado en Pozo Amarillo y, posteriormente, pasó al Paseo de Canalejas con el Paseo de San Antonio”, más adelante pasaron al Centro Atilano Coco, hoy convertida en una hospedería para estudiantes y escuela con inmigrantes. En ella se ha recuperado el espíritu educativo de su antiguo pastor. “Estamos prestando servicio por medio de una asociación que se llama Diaconía, de la que formamos parte como institución, para atender y acoger en primera instancia a personas refugiadas -de guerras, que huyen de dictaduras,…- que no tienen ni lo más básico”.

“Hemos intentado responder como Iglesia a esa necesidad”, explica Rubén Legidos, y alude también a la recuperación de su compromiso activo con la cultura. Iniciativas como “Los Miércoles de Santo Tomás”, que convierten el templo en un espacio de encuentro para la música, el diálogo y la reflexión, o el Premio La Chova Piquirroja, que reconoce la defensa del patrimonio y la cultura, forman parte de este empeño, junto a su participación en propuestas como “Las Llaves de la ciudad”. Para este pastor anglicano “lo cultural también es en cierto modo religioso, porque manifiesta el espíritu humano, y todo lo que tiene que ver con el hombre tiene que ver con la encarnación en la fe cristiana”.
Destaca además el trabajo realizado para dar a conocer el valor histórico y artístico de la iglesia de Santo Tomás Cantuariense. “Hemos creado una narrativa para conocer bien los secretos que tiene esta parroquia”, señala. Un relato que ya comenzó el sacerdote Tomás Gil, director del Servicio diocesano de Patrimonio Artístico, con el proyecto de evangelización ‘Fe y Arte’, y del que han tomado su testigo. “Don Tomás nos ha apoyado y abierto siempre las puertas. Le estamos muy agradecidos”. Un agradecimiento que hace extensivo al obispo, Mons. José Luis Retana, y a toda la diócesis: “todos los sacerdotes nos tratan como hermanos. Nos sentimos en casa”.
