10/06/2026
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
A las 4:10 de la madrugada, cuando la ciudad apenas comenzaba a despertar, tres autobuses partían el pasado domingo, 7 de junio, desde la plaza de Gabriel y Galán rumbo a Madrid. En ellos viajaban 162 peregrinos de la Diócesis de Salamanca. Otros 157 jóvenes salmantinos ya se encontraban en la capital tras participar la víspera en la vigilia juvenil junto al papa León XIV.
Ni el madrugón, ni las horas de viaje, ni el calor que les esperaba después parecían importar demasiado. Había ilusión en los rostros para encontrarse con el sucesor de Pedro en la celebración del Corpus Christi, uno de los actos centrales de la visita apostólica que el Santo Padre realiza a España del 6 al 12 de junio.
El grupo reunía una pequeña muestra de la Iglesia de Salamanca: familias, niños, jóvenes, personas mayores, miembros de movimientos eclesiales, religiosas y los sacerdotes: Emilio Vicente de Paz, Miguel Ángel González y Aldo Torrez, scj. Entre los peregrinos se encontraban una religiosa Sierva de María, dos Hijas de San Camilo y un religioso Reparador, además de fieles de distintas parroquias y miembros del Movimiento Teresiano Apostólico (MTA) y del Carmelo Seglar. Algunos iban a ver a un Papa por primera vez. Otros conservaban en la memoria encuentros con san Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco o incluso con el propio León XIV. Pero todos peregrinaban con la ilusión de participar juntos en una celebración que dificílmente olvidarán.

Nada más llegar a Madrid, los salmantinos comenzaron a descubrir la magnitud de la convocatoria. Los gorros rojos que portaban aparecían una y otra vez en estaciones, andenes y vagones de metro. Servían para no perderse entre una multitud que avanzaba hacia el centro de la ciudad desde todos los rincones del país.
Junto a ellos ondeaban una bandera de Salamanca, y otra con el lema de la visita, “Alzad la mirada” acompañada de la frase “Salamanca reza por ti”, así como una gran pancarta elaborada por María Jesús Domínguez, una de las peregrinas, en la que podía leerse: “La Diócesis de Salamanca alza la mirada con su Santidad”.
La pancarta tenía además un significado muy especial para ella, pues había incorporado una pequeña fotografía de su tío, el sacerdote Andrés Domínguez, recordado párroco de Ledesma, de quien aprendió “el amor a la Iglesia y al sucesor de Pedro”, como reconoció.
A medida que avanzaban hacia el sector asignado, muchos comenzaron a percibir que estaban participando en algo extraordinario. “Me emocioné cuando íbamos por el metro y veía la cantidad de gente movida para ver y asistir a la misa del Papa”, recordaba Antonia Sánchez. “Es grandioso lo que mueve el Espíritu Santo”.
La expedición salmantina reflejaba también la riqueza de la propia diócesis. Junto a los peregrinos nacidos en Salamanca viajaban fieles procedentes de Perú, Colombia, Honduras, El Salvador, Reino Unido e Irlanda, hoy plenamente integrados en parroquias, movimientos y comunidades de la Iglesia salmantina.
Una diversidad que se multiplicó al llegar alrededor de las plazas de Colón y Cibeles o el Paseo de Recoletos, convertidos durante unas horas en un auténtico mosaico de acentos e historias de fe. Entre los peregrinos se encontraba Sainot Gallegos, natural de Perú y residente en Salamanca desde hace un año. Para ella, esta peregrinación era especial porque conoció a Robert Prevost antes de su elección con Papa.
Todavía conserva grabada en la memoria una imagen de los días más duros de la pandemia en Chiclayo. “Las calles estaban completamente desoladas. Era un paisaje aterrador. Él caminaba con una cruz acompañado por dos obispos bendiciendo a la gente. Es una imagen que jamás podré borrar de mis pupilas”, recuerda.
Aquella escena el descubrió el lado más cercano y humano del entonces obispo de Chiclayo. Por eso quiso vivir esta peregrinación como una oportunidad para reencontrarse con quien hoy es el Papa León XIV.
La hermana Visitación Baz vivió con emoción el paso del Papa León XIV en el papamóbil. Esta Sierva de María definía la peregrinación como “una gracia y una oportunidad” para participar en la Eucaristía y compartir la fe con miles de personas. “Aquí estamos para unirnos a toda la Iglesia en este acontecimiento tan histórico“, afirmaba.
Francisco Delgado destacaba la presencia de numerosos fieles latinoamericanos y “su “alegría contagiosa”, una riqueza que, a su juicio está ayudando también a “revitalizar nuestras parroquias”.
La extraordinaria afluencia de fieles superó todas las previsiones e hizo que muchos peregrinos tuvieran que seguir la eucaristía desde lugares distintos a los inicialmente previstos por la organización. Algunos pudieron seguir la celebración desde la Plaza de Colón, otros tuvieron que redistribuirse por distintas zonas del recorrido.
Fueron momentos de incertidumbre y espera, pero todos coinciden en que aquellos contratiempos quedaron eclipsados por lo que vivieron después.
Michelle, que peregrinó junto a su marido y sus hijas, admite que eran conscientes de las dificultades que podrían encontrarse: “sabíamos a lo que íbamos, que pasaríamos calor y que habría mucha gente”. Aún así, asegura que “lo disfrutamos muchísimo”. Y destaca lo que la jornada supuso para sus hijas, “lo recordarán siempre, sé que esta experiencia quedará en sus corazones”.
“Habrá quien piense para qué este esfuerzo para ver al Papa de lejos o en una pantalla, pero hemos sido protagonistas y testigos de un momento especial”, reconocía Elena Partearroyo.
Para esta responsable de la Delegación diocesana de Familia, el momento respondía también al mensaje del Papa León de ser “más humanos”. Una experiencia que vivieron “en directo” junto a más de un millón de personas rezando juntos.
Soledad Cillero reconocía que las dificultades le impidieron seguir la celebración como esperaba, pero concluía señalando que “lo importante es todo lo que está moviendo el Espíritu Santo y que nos haya regalado un Papa que es uno de sus sarmientos vivos”.
Poco antes de comenzar la celebración, miles de miradas se dirigieron hacia el recorrido por el que avanzaba el papamóvil. “Ya estamos alzando la mirada junto a Su Santidad”, señalaba Ignacio Iglesias.
Una emoción que se repetía una y otra vez entre aquellos peregrinos que lograron verlo pasar.
Linita Galán, que peregrinaba junto a su hermana María, recordaba otra gran celebración vivida en 2003, durante la canonización de Santa Genoveva Torres presidida por san Juan Pablo II en Madrid, confesaba no tener palabras “para describir lo que allí se vivió. Fue impresionante”. A su regreso resumía su sentir con la convicción de que “la Iglesia de Jesucristo sigue viva. Tenemos un gran Papa y un gran país”.
Para Sergio no era el primer encuentro con León XIV. El pasado año participó en Roma en el Jubileo de las Cofradías, que coincidió con los primeros días del nuevo pontificado. Aquella experiencia hizo que esperara con ilusión la visita del Papa a España y por ello participó en la Misa del Corpus presidida por él en la Plaza Cibeles de Madrid.
Pocas imágenes reflejan mejor la riqueza de la peregrinación que la presencia de distintas generaciones compartiendo la misma ilusión.
El más joven del grupo era Manuel González, de tan solo diez años, madrugó para participar en la peregrinación junto a su padre, Sergio, y asumió con orgullo en algunos momentos la tarea de portar una de las banderas del grupo.
La peregrina más veterana era Visitación Alonso, que con 88 años se embarcó en esta peregrinación acompañada por su inseparable amiga, Lorenza Luis. Juntas afrontaron la larga jornada con una energía admirable. Visitación se mostraba feliz de participar y especialmente ilusionada por conocer al Papa León XIV.

La homilía del papa León XIV fue también comentada por los peregrinos durante el viaje de regreso. Ante más de un millón y medio de personas, el Santo Padre recordó que el Corpus Christi no puede reducirse a una tradición heredada. “Que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy”.
También invitó a dejarse transformar por Cristo: “No se trata únicamente de sacar la custodia, sino de dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia y de una fe cómoda y privada”.
Sus palabras encontraron eco en Xiomara Blanco, doctora en Informática e investigadora en inteligencia artificial, quien se sintió especialmente interpelada por el Papa. “Hubo dos mensajes que me llegaron mucho. Uno fue que debemos ser más humanos. La inteligencia artificial vino para quedarse y lo único que podemos hacer es ser más humanos”, reconocía.
Además, como inmigrante, asegura que le emocionó la llamada del Papa sobre la acogida y la dignidad de cada persona.
Inmaculada Hernández, del Carmelo Seglar, confesaba que la peregrinación le permitió sentirse parte de “una Iglesia viva, alegre” y reconocía sentirse “muy unida” a la Iglesia y al Papa. “Me siento pueblo en camino”, afirma orgullosa.
Para ella, esta experiencia le ha hecho sentir “con el corazón en llamas”.
La peregrinación tenía también un significado especial para el matrimonio formado por Miguel Cabello y María Alegría Rivero. Él había servido como monaguillo en la Basílica de San Pedro durante una peregrinación a Roma en tiempos de san Juan Pablo II. Ella, en cambio, recibió la bendición del Papa polaco antes incluso de nacer: su madre estaba embarazada cuando el pontífice visitó Alba de Tormes en 1982 y se acercó a bendecirla al verla en avanzado estado de gestación. Ahora, ambos suman a su historia un nuevo encuentro con el sucesor de Pedro, esta vez con León XIV en Madrid.
“Ha sido algo increíble, inolvidable”, explica emocionado Miguel. “Una peregrinación como esta ha servido para descubrir que Dios está cerca y vivirlo en comunidad ha sido algo muy bonito”.
Rosanela Quintero y José Miguel García destacaron la emoción de compartir la fe con miles de personas: “Solo el hecho de ver al Papa y de rezar todos juntos significa mucho”.
Mientras que María del Rosario Bueno expresa el sentir de muchos peregrinos al agradecer “haber tenido la gracia de compartir esta experiencia”.
“Este recuerdo lo tendremos siempre y seguiremos rezando unidos por el Santo Padre”, afirma también María, otra de las participante en esta peregrinación.
Y Sainot no ocultaba su emoción y daba gracias a Dios “por haberme regalado una experiencia tan maravillosa junto a mi hijo. Fue inolvidable”.
Concluida la eucaristía y tras seguir por las pantallas la procesión del Corpus Christi presidida por el papa León XIV por las céntricas calles de Madrid, los peregrinos salmantinos emprendieron el camino hacia Pozuelo de Alarcón. Allí fueron acogidos en la Casa de Emaús de los Misioneros Oblatos para compartir peregrinos Allí pudieron descansar, compartir la comida ofrecida por la comunidad y comentar las experiencias vividas durante esta jornada antes de su regreso a casa. Fue también el momento del reencuentro con los 157 jóvenes salmantinos que habían participado la noche anterior en la vigilia junto al Santo Padre.
Ya de regreso a Salamanca, el cansancio era evidente. Habían sido muchas horas de viaje, de caminatas, de calor y de emociones. Pero por encima de todo quedaba la gratitud.
Muchos coincidían en una misma impresión: la magnitud de la respuesta que ha suscitado la visita del Papa a España. Francisco Delgado reconocía que “todas las previsiones se han quedado cortas. Estoy seguro que el mismo Papa está sorprendido por la repercusión que está teniendo su viaje a España”. Y se pregunta qué huella dejará este viaje, “cómo debemos responder a esto, ¿qué repercusión tendrá la visita del Papa en nuestras Iglesias locales?”.
Una reflexión que comparte María José Rosellón, para quien resultó significativa la presencia de tantos jóvenes, algo que para ella, “resulta francamente esperanzador”. En la misma línea se expresaba Ángel Luis Hernández, convencido de que encuentros como este muestran que la Iglesia sigue viva.
Con ese sentimiento regresaron muchos de los peregrinos salmantinos después de una jornada en la que, junto a cerca de un millón y medio de fieles, alzaron la mirada con el Papa León XIV.