08/05/2026
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
La diócesis de Salamanca regresa de la Asamblea Eclesial de la Iglesia en Castilla, celebrada del 30 de abril al 2 de mayo en Ávila, con la sensación de haber vivido “un acontecimiento histórico” para la Iglesia en la región y una experiencia de comunión que deja ya abiertas nuevas líneas de trabajo pastoral. Durante tres días, cerca de 300 delegados de nueve diócesis castellanas compartieron oración, escucha, discernimiento y votaciones en torno al lema “Renovados para la misión”.
La delegación salmantina, formada por 35 representantes de distintas realidades diocesanas —laicos, sacerdotes, vida consagrada, jóvenes, universidad, mundo rural, acción social y pastoral penitenciaria— regresó “llena de entusiasmo, fuerza y esperanza”, según resume el vicario de Pastoral y coordinador de la delegación, Andrés González Buenadicha.
Para él, la imagen bíblica que mejor expresa lo vivido en Ávila es la de los discípulos de Emaús. “En esas conversaciones en el Espíritu hemos escuchado cómo Dios nos hablaba y hemos sentido que ardía nuestro corazón”, afirma. “También nos hemos encontrado con el Resucitado en torno al altar, y ahora nuestra tarea es volver y contar aquí lo que allí hemos visto y oído”.
González Buenadicha considera que la Asamblea “ha renovado por dentro” a los participantes y, al mismo tiempo, ha confirmado que el camino pastoral iniciado por la Diócesis de Salamanca desde el Sínodo, la Asamblea Diocesana y las prioridades pastorales “va en la dirección adecuada”. “Muchas de las propuestas elegidas ya están presentes en nuestra realidad pastoral”, subraya.
Entre las prioridades aprobadas en la Asamblea figuran la creación de pequeños grupos de vida, la formación conjunta de laicos, sacerdotes y consagrados para trabajar en corresponsabilidad, el fortalecimiento de la dimensión social de la evangelización, el acompañamiento de los carismas de cada bautizado, la catequesis familiar y de adultos o la creación de equipos misioneros interparroquiales.
“Ahora toca ensamblar esas propuestas con el camino que venimos haciendo en Salamanca”, explica el vicario, convencido de que la recepción de estas líneas pastorales “no será difícil” porque conectan con procesos ya iniciados en la diócesis, como el reciente Congreso Diocesano de Vocaciones.
El obispo de Salamanca, Mons. José Luis Retana, también ha realizado un balance muy positivo de la experiencia vivida en Ávila. “Lo primero que me sale es una alegría de estar aquí acompañando a mis dos diócesis”, señala, destacando especialmente “la belleza de una Iglesia con tantos carismas y tantas cualidades”.
Para el obispo, uno de los aspectos más significativos de la Asamblea ha sido comprobar cómo “la pobreza sociológica no concuerda con la pobreza evangélica”. “Nuestras diócesis son sencillas, pero ahí hay un bien”, afirma, al tiempo que destaca el nuevo estilo eclesial que ha marcado el encuentro: “La corresponsabilidad, la cercanía, la acogida y la escucha”.
Mons. José Luis Retana confía en que las conclusiones y prioridades surgidas en Ávila “se conviertan en un bien para nuestras diócesis” y recuerda que ahora corresponde a los participantes”llevar a casa” lo vivido para traducirlo en acciones concretas dentro de cada comunidad.
Los participantes salmantinos coinciden en señalar la escucha y el encuentro como las grandes claves de la Asamblea. Pablo Sánchez, de Pastoral Juvenil, asegura que el ambiente vivido entre las diócesis ha generado “momentos de diálogo, paz y entendimiento que en pocas ocasiones hemos podido disfrutar” y cree que el encuentro “puede marcar un punto y aparte para el futuro de la Iglesia en Castilla”.
En la misma línea, Isabel Santos define la experiencia como “la Asamblea del encuentro y de la esperanza”, donde “el Espíritu ha estado flotando” entre los grupos y conversaciones. Ahora, añade, queda “el bonito camino de poner en práctica lo vivido”. Por otra parte, el sacerdote responsable de la Pastoral Vocacional, Fernando García Gutiérrez, destaca la metodología de la “conversación en el Espíritu”, que permitió un diálogo más profundo y discernido: “No era dialogar por dialogar, sino compartir desde la oración y la escucha”.
Laura García, de Pastoral Universitaria, resume la experiencia asegurando que en Ávila “hemos conseguido sentirnos Iglesia” desde la diversidad, mientras que el sacerdote diocesano, Alfredo Fernández habla de “la alegría de compartir pasión, heridas y dificultades”, con la convicción de que “el Espíritu sigue soplando con fuerza en nuestras realidades”. También, Elena Peces, consagrada, pone el acento en el valor de la escucha: “Ha sido un espacio muy importante de encuentro y de aprender a mirar desde la óptica de los demás”.
Otro integrante de la delegación salmantina en la Asamblea fue Samuel Huesca, vinculado a la Pastoral Penitenciaria, reconoce que regresó “absolutamente renovado” y con la sensación de que ahora comienza el verdadero trabajo: “Nos vamos con muchas tareas para trasladar todo esto a nuestra realidad”. Durante la Asamblea quiso representar “la voz de las personas privadas de libertad” y subraya la importancia de seguir trabajando “en comunión y sinodalidad”.
Por su parte, Filo Corral, voluntaria de Manos Unidas, asegura que la experiencia “ha sobrepasado” sus expectativas iniciales. “Escuchar a otras diócesis y otras realidades te engrandece”, afirma, convencida de que vuelve de Ávila “renovada” y con una mirada más amplia sobre la Iglesia. También Óscar Pérez, delegado de Enseñanza, pone el acento en el método de trabajo vivido durante estos días. Destaca especialmente “la escucha y el respeto” que han marcado las conversaciones en el Espíritu y considera que una de las claves ahora será trasladar ese estilo de diálogo y participación a la vida diocesana: “Nos falta mucha escucha para sentirnos realmente Iglesia, diócesis y comunidad”.