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04/02/2026

San Blas, intercesor en las dolencias de la garganta

La Catedral Vieja de Salamanca renueva la bendición de las gargantillas en una celebración donde la tradición popular se convierte en testimonio de vida cristiana

 

SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN

Cada 3 de febrero, la festividad de San Blas, obispo y mártir, vuelve a reunir a numerosos fieles en la Catedral Vieja de Salamanca. Una fecha arraigada en la religiosidad popular, marcada por la bendición de las gargantillas que, según la tradición, protegen de las dolencias de la garganta y acompañan a quienes las llevan hasta el Miércoles de Ceniza.

Durante el rito de bendición, el deán de la Catedral, Jorge García, subrayó el sentido profundo de este gesto, más allá del objeto material. En el rito se recuerda que los objetos devocionales que han traído para bendecir, “muestran, cada uno a su manera, vuestra fe, ya que sirven para recordar el amor de nuestro Señor y para aumentar la confianza en la ayuda de la Santísima Virgen María y de los santos”.

Al pedir la bendición, se añadió: “Lo que hemos de procurar ante todo es dar testimonio de vida cristiana, que es lo que verdaderamente exige el uso de estas gargantillas”. En la oración, la asamblea invocó reiteradamente: “Envíanos, Señor, el espíritu de piedad”, pidiendo que estos signos externos ayuden a vivir con coherencia la fe, a perseverar en la oración y a crecer en justicia y devoción. La bendición concluyó con la petición de que quienes lleven las gargantillas “se esfuercen por irse transformando en la imagen de Cristo, que vive y reina por los siglos de los siglos”.

Testimonios llenos de historia

Junto al rito, la celebración volvió a llenarse de historias personales. Jesús, devoto desde niño, conserva el recuerdo de las gargantillas que su madre le compraba “para que no tuviera anginas” y hoy continúa la tradición llevándolas a casa para sus hijos, su mujer y su suegra.

Rosi se acercó a la Catedral junto a su marido porque este año no han podido acercarse a su pueblo, Herguijuela de la Sierra, para bendecir gargantillas para hijos y nietos. Ella conoce bien la historia de San Blas, y la curación de un niño al sacarle una espina de la garganta, que sigue alimentando la fe de generación en generación.

La devoción traspasa fronteras. Susy, llegada desde Argentina, aprovechó su estancia en Salamanca para participar en la eucaristía y llevar las gargantillas bendecidas a los estudiantes latinoamericanos con los que trabaja estos días, prolongando así la celebración más allá de la catedral.

Una costumbre familiar

Para Sergio, asistir cada año a la misa de San Blas es una costumbre familiar que se mantiene viva. “Para protegernos de una gripe o un catarro, nos viene bien”, comenta. Tras finalizar la eucaristía y la bendición, una larga fila se formó en el templo para recoger las gargantillas de colores que iba repartiendo el personal de la Catedral. La tradición marca que tiene que llevarse puesta en el cuello hasta el Miércoles de Ceniza, cuando hay que quemarla.

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