19/03/2026
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
El Día del Seminario pone rostro a la vocación en quienes han comenzado a dar sus primeros pasos. Jonathan Gutiérrez y Francisco Gómez son dos jóvenes de la Diócesis de Salamanca que actualmente realizan el curso propedéutico, una etapa orientada al discernimiento vocacional y a la formación humana. Se trata de un tiempo centrado, sobre todo, en el encuentro personal con Cristo, el crecimiento espiritual y el acompañamiento que ayuda a confirmar la llamada de Dios al sacerdocio.
Ambos participan en este curso en el Teologado de Ávila, en Salamanca, donde conviven con cerca de una veintena de jóvenes procedentes de ocho diócesis. Tras haber participado el año anterior en la experiencia Seminario en Familia y y en el Curso de discernimiento vocacional promovido por el Seminario diocesano de Salamanca, iniciaron en octubre este camino de formación.
Francisco Gómez, de 26 años y natural de Alba de Tormes, ha vivido su vocación dentro de la vida de la Iglesia, participando desde joven en los sacramentos. Con el paso del tiempo, fue descubriendo que el Señor le llamaba a dar un paso más aunque, como él mismo reconoce, no siempre resulta fácil acoger esa llamada. “Muchas veces no quieres hacer caso a esa llamada, pero Él insiste”, señala.
Actualmente cursa el propedéutico junto a otros tres jóvenes, “estamos en esa introducción al Seminario para discernir bien nuestra vocación”. En su día a día combina la formación académica en la Universidad Pontificia de Salamanca así como en el Teologado de Ávila, “realizamos actividades extraordinarias que nos conectan con el mundo real y espiritual, como semanas de práctica de la caridad, ejercicios espirituales o el Camino de Santiago”.
Para él, este tiempo está siendo también una oportunidad “para ir descubriendo poco a poco cómo soy, para quién soy y quién soy”. Desde su experiencia, anima a otros jóvenes que tengan vocación al sacerdocio a “no tener miedo a dar ese paso, porque si te fías de Dios, ¿qué puede salir mal?”, sostiene.
La historia de Jonathan Gutiterrez, natural de Perú, nace también de una experiencia concreta de fe. Fue durante un retiro sobre la misión en su parroquia cuando sintió con fuerza la llamada a salir de sí mismo y ponerse al servicio de los demás. “Una canción, en concreto, que me decía: ‘Saldré de mi tierra’, que me encendió en el corazón el impulso de salir y servir en la misión”. Desde entonces, y acompañado por distintas personas, ha ido dando pasos en su camino vocacional.
Actualmente vive el curso propedéutico como “un tiempo de discernimiento y de formación humana y espiritual”. Para él, es un momento para “afianzar la oración, madurar en la vida comunitaria y confirmar, con acompañamiento si el sacerdocio es la respuesta que quiero dar a Dios“, una etapa que vive “con gozo y esperanza”.
Un proceso en el que, como él mismo expresa, se entrelazan “la claridad y también las dudas, pero cada paso que doy me enseña a confiar más en la voluntad de Dios“.
Para este joven, la vocación “es una llamada inclusiva que puede llevar al matrimonio, a la vida profesional a la consagración religiosa o al sacerdocio. Un don, una gracia, y exige una respuesta libre y generosa“.
Por eso, anima a no ignorar las inquietudes que puedan surgir en el corazón: “Si en tu corazón hay inquietud, no la ignores”, recuerda que el discernimiento “se hace caminando y acompañado”. En su caso, esa inquietud le llevó a buscar ayuda y acompañamiento en el delegado diocesano de Pastoral Vocacional y rector del Seminario diocesano, Fernando García, quien -como él mismo señala- “me acompañó en ese primer momento y hasta ahora lo sigue haciendo para discernir este camino”.
Finalmente, insiste en no recorrer este camino en solitario: “No camines solo. Abre tu vida a la oración, confía en la providencia y deja que la comunidad te ilumine”. Y añade que si algún joven siente que Dios le llama insiste “responde con alegría y con libertad”.