30/06/2026
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN

“Fue muy largo el terremoto, este es el sentir de mucha gente y también el mío. Decíamos: ¡Cuándo terminará!, reflejándose en muchos rostros la angustia y el miedo”. El sacerdote salmantino, Alejandro Iglesias, relata así los momentos de incertidumbre vividos en Venezuela durante los dos terremotos del pasado 24 de junio, de magnitud 7,3 y 7,5.
Natural de Alba de Tormes y miembro de los Reparadores Dehonianos, desarrolla su labor pastoral en la Parroquia Divino Niño Jesús, en Mariara, estado Carabobo. El temblor sorprendió a la comunidad al término de la eucaristía de las cinco de la tarde. “Apenas había terminado la misa y mucha gente se encontraba todavía en la plaza”, recuerda el misionero, que vivió aquellos instantes desde la sacristía junto a varias feligresas.
“Vimos cómo se balanceaban con fuerza las lámparas, uno de los bombillos se desprendió, y también escuchamos un ruido al caer una escalera metálica”, recuerda. Poco después, la ciudad quedó sin suministro eléctrico durante gran parte de la noche. Aunque Mariara no ha sido una de las zonas más castigadas, el terremoto también dejó su huella. “Sólo dos edificios se vinieron abajo y no se habla de víctimas”, subraya Iglesias, “pero algunos locales y también nuestras iglesias han sufrido daños materiales menores”.
La situación es muy distinta en otras regiones del país. “Los lugares más afectados son los costeros y también la capital, Caracas, porque allí sí se han venido abajo muchos más edificios”, afirma. Uno de los religiosos reparadores destinado en Catia La Mar, una de las localidades afectadas, describe el panorama como “trágico”.

“Aún estamos confundidos y las noticias van llegando poco a poco”, reconoce el sacerdote salmantino, que lleva 35 años entregado a la misión en Venezuela. Llegó al país el 17 de septiembre de 1991 y únicamente interrumpió su estancia durante tres años, entre 1996 y 1999, para completar sus estudios en Roma.
Forma parte de la congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús, conocidos como Dehonianos, presentes en Venezuela desde 1953 siguiendo el impulso misionero de su fundador, el padre León Dehon. En la actualidad, desarrollan su labor pastoral en los estados de Miranda, Carabobo y Cojedes, además del Distrito Capital, atendiendo varias parroquias, centros de salud y proyectos educativos al servicio de niños y jóvenes.
En Mariara, donde Alejandro ejerce su ministerio, los religiosos atienden las parroquias de Nuestra Señora del Carmen y Divino Niño Jesús, que en estos días se ha convertido en un centro de acopio para recoger medicamentos, alimentos no perecederos, agua y productos de higiene personal destinados a las familias afectadas por el desastre.

Miembros de la comunidad religiosa y jóvenes de la parroquia ya han realizado varios envíos de ayuda a Morón y otras zonas costeras, mientras continúan organizando nuevas iniciativas solidarias y estudiando vías de colaboración con las Hermanitas de los Pobres y su hospital.
La oración también ha acompañado estos días de incertidumbre. “Ofrecimos la adoración al Santísimo por las víctimas y por las personas que han sufrido cuantiosas pérdidas”, explica Alejandro Iglesias, que sigue acompañando al pueblo venezolano desde la cercanía, la fe y el compromiso con quienes más lo necesitan.




