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05/02/2026

Una guerra con gestos de amor

La voluntaria de Manos Unidas Salamanca, Mercedes Marcos invita a recordar la declaración de 1955: «Declaramos la guerra al hambre», proclamada por mujeres católicas como respuesta al sufrimiento de millones de personas, y a actualizarla hoy en gestos concretos de amor, justicia y dignidad

 

Ocurrió el 2 de julio de 1955 la declaración de guerra más osada: “Declaramos la guerra al hambre”. Con estas cinco palabras terminaba el manifiesto de la UMOFC (Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas), que poco después daría origen a Manos Unidas.

Así nacimos: de una declaración de guerra y de un gesto de amor.

Una declaración de guerra: contra el hambre. Un gesto de amor: colmar las cucharas de los hambrientos.

“Quien sufre sabe cuán importante es un gesto de amor”, nos ha dicho el papa León XIV en Dilexi te, recordando a la mujer del perfume (Mt 26, 8-13).

Esta guerra que declaramos contra el hambre, es en realidad, una propuesta de paz, que sigue el planteamiento de nuestro Papa al inicio de su pontificado:

Es una paz desarmada, pues no presenta otras armas que las cucharas vacías.

Nuestra guerra es, además, una paz desarmante, pues el hambre no es sólo consecuencia de las guerras, sino también su causa. Con esta guerra al hambre, 700 millones de hambrientos dejarán de serlo, y esos 700 millones ya no gritarán demandando justicia y dignidad.

“Somos muchas”, manifestaron las mujeres de la UMOFC. También nosotros, los de este primer mundo, somos muchos. Sólo nos falta la decisión común de plantar cara, de verdad, al hambre.

Se dice que los seres humanos nacemos débiles para aprender el amor. Sí, desde recién nacidos y hasta bastantes años después, necesitamos y recibimos innumerables cuidados y gestos de amor de nuestras familias.

Los hambrientos son hoy esos débiles que esperan nuestros gestos de amor.

“Ningún gesto de amor será olvidado” (Dilexi te).
“Parte tu pan con el hambriento… Entonces brillará tu luz como la aurora” nos recordaba el Domingo la Palabra (Is. 58, 7-8).

No seas ladrón de paz. Setecientos millones de hambrientos te presentan su cuchara vacía, esperando tu gesto de amor. Y “Dios ama al que da con alegría” (2 Cor. 9, 7).

Ven, con Manos Unidas, a colmar esas cucharas de los hambrientos con tu solidaridad, para llenarlas de proyectos de desarrollo de los que brotan alimentos, educación, salud, sostenibilidad, derechos, justicia y dignidad.

Muchas gracias.

Mercedes Marcos, voluntaria de Manos Unidas

 

 

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