26/06/2026
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
La distancia no reduce el dolor cuando el corazón sigue estando en casa. La comunidad venezolana residente en Salamanca vive estos días con profunda preocupación las consecuencias de los terremotos que han sacudido el país y que han dejado cientos de víctimas, miles de afectados y numerosas personas desaparecidas.

Elimar Uribe, miembro de la comunidad venezolana en Salamanca, reconoce que la incertidumbre y la impotencia marcan estas jornadas. “No se trata de mi familia, se trata de todo un país”, afirma, reflejando el sentimiento compartido por muchos compatriotas que, desde España, siguen minuto a minuto las noticias que llegan desde Venezuela.
Ante la tragedia, la primera respuesta ha sido la oración. “Ayer justamente estuvimos en misa reunidos porque, ante esta circunstancia, realmente es la oración. A veces hacemos muchas preguntas y es necesario ponerse en manos de Dios“, explica.
Aunque muchas familias han logrado contactar con sus seres queridos, la preocupación continúa siendo enorme por quienes todavía no han podido dar señales de vida. “Hay muchos desaparecidos y estamos esperando noticias. Estamos utilizando las redes sociales para tratar de localizar a familiares porque las comunicaciones son muy difíciles; internet apenas funciona y la situación es caótica”, señala.

La angustia se mezcla con el dolor por un país entero que trata de levantarse en medio de la devastación. “Cuando nos preguntan cómo está nuestra familia, damos gracias porque está bien, pero el problema es mucho más grande, somos muchos, hay muchas vidas perdidas y muchas personas que siguen atrapadas”, subraya y piensa que es algo escalofriante, “inimaginable cuando ves las imágenes”, relata.
La comunidad venezolana ya ha comenzado a coordinarse con Cáritas Diocesana para canalizar la ayuda que pueda llegar desde Salamanca. En un primer momento se había planteado la posibilidad de habilitar puntos de recogida, aunque las dificultades logísticas obligan, por ahora, a priorizar las aportaciones económicas destinadas a Cáritas Venezuela.
“Estamos trabajando junto a Cáritas y la diócesis para encontrar la mejor manera de ayudar, y la próxima semana estudiaremos la posibilidad de recoger material, pero, sobre todo, suministros médicos, que es lo que más se necesita en estos momentos”, explica Elimar.
La situación en los centros sanitarios es especialmente delicada. “En los hospitales faltan cosas básicas como alcohol o gasas, los médicos nos están trasladando directamente las necesidades que tienen para poder atender a todos los heridos”, añade.
En medio del sufrimiento también emergen historias que alimentan la esperanza. Una de ellas ha conmovido profundamente a la comunidad venezolana en Salamanca: el rescate con vida de un bebé de apenas diez meses en una de las zonas más castigadas por el seísmo.
“El edificio se derrumbó completamente y el niño sobrevivió, sus padres fallecieron, pero él pudo ser rescatado”, relata, y añade que son esas cosas que uno solo puede entender como un milagro, “como un regalo de Dios en medio de tanto dolor”, recuerda emocionada.
Mientras continúan las labores de búsqueda y rescate, los venezolanos residentes en Salamanca mantienen viva la esperanza y agradecen el apoyo recibido por la sociedad española. “España siempre nos ha abierto las puertas y solo podemos dar las gracias por el cariño y la solidaridad que estamos recibiendo en estos momentos tan difíciles”, concluye.
