ACTUALIDAD DIOCESANA

05/03/2019

Un logo para el Servicio diocesano de Patrimonio Artístico y Cultural

Los logos se han convertido en un medio de comunicación de nuestro tiempo y cultura, basada principalmente en la imagen. Estamos familiarizados y rodeados de ellos, los vemos por casi todas partes. A través de ellos somos, a golpe de vista, rápidamente identificados y cuál es el servicio que prestamos. Y desde el diálogo evangelizador de la cultura, el Servicio de Patrimonio Artístico y Cultural de la diócesis de Salamanca necesitaba usar el lenguaje de hoy para salir y hacerse comprender.

No es tan fácil acertar con un logo que conecte y sea artístico, había que ponerse en manos de alguien formado, que sepa hacerlos y capte lo que es la belleza cristiana. Nos acordamos del sacerdote reparador Ángel Alindado Hernández, sus trabajos de creación y maquetación en exposiciones, en publicaciones y en las redes sociales siempre nos habían gustado y llamado la atención. A pesar de sus muchas tareas, sacó tiempo para atendernos gratuitamente, algo que le agradecemos sinceramente desde nuestra diócesis. Como buen profesional nos preguntó al principio qué era lo que queríamos que el logo fuera a transmitir a través de su formas, y si teníamos alguna obra artística que nos sirviera de inspiración. Precisamente nos fijamos en un detalle de una tabla pintada por Fernando Gallego, se trata de la Natividad, realizada entre 1485 y 1490, procedente de la Parroquia de El Campo de Peñaranda, conservada y enseñada desde hace muchos años en la exposición permanente del Palacio Episcopal. Si nos fijamos bien en las manos de San José, están trazadas dentro de una circunferencia, cuyo centro es la luz de una llama, símbolo de Cristo. La mano izquierda toma delicadamente por debajo la vela y, por encima, la derecha protege y conserva la llama ardiente para que no se apague y extinga.

Lo que hace San José con sus manos, nada más contemplar en plenitud la belleza y la gloria de Dios, manifestada visiblemente en la carne del Hijo de Dios recién nacido (cf. Jn. 1, 14), nos parece un gesto muy sugerente a seguir por nuestro Servicio de Patrimonio Artístico. El centro va a ser la belleza luminosa de Cristo y su reflejo en el seguimiento fiel de su Iglesia, expresada por medio de los bienes artísticos y culturales de nuestra diócesis, que nos han quedado como huellas de su presencia y paso salvador en la historia. Desde aquí gira nuestra actuación de echar, como hace San José, las dos manos, para acoger con respeto, sostener con cariño y tomar con cuidado todo ese patrimonio, porque en el fondo está Jesucristo y su Evangelio, que debe ser mostrado a todos desde el diálogo y la provocación. A la vez, con la otra mano, debemos valorar, proteger, guardar, restaurar, conservar y reavivar nuevamente la luz, poniendo los medios y esfuerzos a nuestro alcance, para que llegue a las generaciones venideras mejor de lo que hemos recibido. Me parece que Ángel finalmente ha sabido captar nuestro propósito y crear, desde este detalle de Gallego, un logo precioso que nos identifica como cristianos y nos invita a salir a la misión. Espero que conecte, guste y sea familiar.

 

 

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