ACTUALIDAD DIOCESANA

06/05/2019

Marcos García Diego, ordenado diácono permanente en el 25º aniversario de la parroquia de Buenos Aires

El obispo don Carlos López presidió el acto junto a una veintena de sacerdotes de la Diócesis para dar la bienvenida a un “nuevo servidor de la Iglesia”

El Jesús Resucitado que preside el altar en la iglesia de Santa María de Nazaret fue testigo excepcional de dos momentos que pasarán a formar parte de la historia de la Iglesia de Salamanca. Por un lado, la celebración del 25 aniversario como parroquia en este barrio de la capital, y por otro, la ordenación como diácono permanente de Marcos García Diego.

Tras la procesión hasta el altar, el nuevo diácono tomó asiento junto a su familia, su mujer, sus dos hijos y su nieto. En la monición de entrada, Antonia Curto, Sierva de San José en Buenos Aires, recordó que celebran los 25 años “siempre Iglesia de Jesús en comunidad parroquial”, y que este acontecimiento la lleva a hacer memoria, al año 1994, “cuando vivían en el barrio familias llenas de proyectos”.

También apuntaba que en el día de hoy han cambiado muchas cosas, “todos nosotros tenemos más años y más experiencia, y nuestras familias”. Esta religiosa considera que la comunidad parroquial de ahora “es más humilde, menos numerosa, pero en los grupos que participamos sentimos como riqueza fundamental el haber tenido algunas experiencias para creer y seguir a Jesús”.

Asimismo, resaltó la experiencia de acoger, “de celebrar y vivir la fe comunitariamente”. E insistió en que el Señor las ha acompañado a lo largo de estos 25 años “para hacer Iglesia de Jesús en comunidad parroquial en el barrio de Buenos Aires”. Por último, dedicó unas palabras al nuevo diácono permanente, a quien agradeció que haya aceptado la invitación del Señor, “para servir en la Iglesia teniendo las actitudes de Jesús en su trabajo, en su familia y en sus relaciones con la gente”.

Y tras la liturgia de la Palabra dio comienzo el rito de la ordenación, pidiendo que se acercara a los pies del altar el “hermano que se iba a ordenar diácono”. Junto al obispo de la Diócesis de Salamanca, Carlos López, se encontraba el párroco de Buenos Aires, Emiliano Tapia, y el sacerdote responsable de la formación de Marcos García, Domingo Martín, delegado diocesano del Clero.

El elegido

En ese momento se realizó la elección del candidato, donde Martín dio testimonio de que ha sido considerado “digno”. Y con ello, el prelado confirmó que con el auxilio de Dios y de Jesucristo nuestro Salvador, “elegimos a este hermano nuestro para el orden de los diáconos”.

Y antes de las promesas del elegido, comenzó la homilía de don Carlos López, en la que quiso hacer referencia a la realidad del trabajo en el día de San José Obrero, 1 de mayo. “Toda la cuestión social tiene su centro en la persona y en su actividad laboral libre y responsablemente realizada, y dignamente retribuida y asegurada, para la garantía del bienestar personal y de la propia familia”, relató. Y pidió al Señor “la gracia de un trabajo digno y estable, y de un cumplimiento fiel de la misión que Él mismos no ha encomendando”.

Asimismo, se hizo eco de la preocupación del Papa Francisco y con él, de toda la Iglesia, por las condiciones del trabajo de los jóvenes, y en su exhortación ‘Cristo Vive’, ha recordado a los jóvenes que no esperen vivir sin trabajar y dependiendo de la ayuda de otros. “Eso no hace bien, porque el trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal”, pero el prelado afirmó también en su homilía que el mundo del trabajo, es un ámbito donde los jóvenes experimentan “formas de exclusión y marginación”.

Desempleo en los más jóvenes

Don Carlos López enumeró varias, la primera “y la más grave”, es el desempleo juvenil “que en algunos países alcanza niveles exorbitados, “además de empobrecerlos, la falta de trabajo hace perder a los jóvenes la capacidad de soñar y de esperar, y los priva de la posibilidad de contribuir al desarrollo de la sociedad”, alertó. El obispo de la Diócesis aseguró que el trabajo para un joven no es sencillamente una tarea orientada a conseguir ingresos, “es expresión de la dignidad humana, es camino de maduración y de inserción social, es un estímulo constante para crecer en responsabilidad y en creatividad”.

Otra parte de su homilía estuvo dedicada al 25º aniversario de la parroquia de Buenos Aires, Santa María de Nazaret, “la parroquia como la casa de Dios entre las casas de sus hijos que en gran número no le conocen”. Además, resaltó la presencia cercana, sacrificada, paciente y perseverante, “de los testigos del Evangelio, como han sido hasta hoy el párroco y las hermanas Siervas de San José”. Se encomendó a la protección maternal de Santa María de Nazaret, “para que ella siga mostrando a todos sus hijos el camino y la forma de hacer lo que Jesús nos diga, de seguir sus huellas, para ser una comunidad viva y misionera, educadora de la fe, en el encuentro con el Señor en la eucaristía, acompañante samaritana de los heridos al borde del camino, y puerta abierta a la consoladora esperanza de la vida eterna”.

Por último, dedicó unas palabras a Marcos García Diego, antes de realizar sus promesas, y remarcó la misión de los diáconos como “colaboradores del ministerio sacerdotal y eucarístico del obispo y los presbíteros”, y que los diáconos sirven a la eucaristía no como meros acólitos, “sino como evangelizadores que conducen al encuentro pascual con Cristo resucitado en la eucaristía”. Y recordó que el hermano Marcos, “viene a servir y no a ser servido”.

Imposición de manos

Una vez finalizada la homilía comenzaron las promesas del elegido: “¿Quieres consagrarte al servicio de la Iglesia por la imposición de mis manos y la gracia del Espíritu Santo?”, a lo que contestó, “sí, quiero”. Y entre otros compromisos, lo hizo al espíritu de oración o a imitar siempre el espíritu de Cristo “cuyo cuerpo y sangre servirán tus manos”, le alentó el prelado. La imposición de manos del obispo sobre la cabeza del nuevo diácono permanente tuvo lugar después de la súplica litánica, y después, la plegaria de ordenación. El último gesto de entrada al nuevo diácono fue la colocación de la estola y la dalmática, donde Marcos García Diego se mostró sensiblemente emocionado. Por último, el prelado entregó al diácono permanente el libro de los Evangelios.

Una vez terminada la ordenación, se prosiguió con la liturgia eucarística, primero con las ofrendas, donde estuvieron presentes las preocupaciones y problemas en el camino de fe en el barrio en los últimos 25 años, así como símbolos de la nueva etapa que comienza Marcos García y toda su familia. El diácono dio la Comunión en la parroquia, de forma simbólica, en primer lugar, a su mujer.  El nuevo diácono permanente estuvo arropado por su familia, integrantes de la comunidad Adsis, a la que ha pertenecido durante cerca de 30 años, así como más de una veintena de sacerdotes de la Diócesis de Salamanca.

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